El Cofre pt. 3

 

 

 

Finalmente llega el culmen del relato de Rafa. Espero que hayáis disfrutado con él y, si tenéis algún comentario, hablad con el autor, que tiene todas las respuestas.

Después de este intervalo de tiempo en la cocina volvió al salón, donde su hermano ya estaba leyendo las páginas del teletexto, informándose de absolutamente todas las noticias aunque fueran auténticas tonterías, que por otro lado para él no eran nada nuevas porque además de leerse todas las mañanas hora y media de teletexto, también veía el telediario, y los fines de semana la prensa escrita, para no perder las viejas costumbres, en fin un psicópata de la información, como si le fuera a servir de algo si alguna vez pasara algo gordo, pero no tiene remedio. Su hermana llegó también al salón y se sentó poniendo cara de agobio cuando vio la tele encendida y las páginas de las noticias internacionales, pero después sonrió y también pensó que él no tenía solución. En este momento el muchacho le dijo a su hermana que ya llevaba cinco páginas de su relato y que para empezar le estaba gustando, -¿cómo lo estas haciendo?- dijo,- bueno la verdad es que estoy haciéndolo en plan cotidiano, contando mis cosas de una manera muy sencilla y como verdaderamente me ocurren, yo creo que es lo mejor-. Sí, eso es lo mejor, como lo hace Muñoz Molina en casi todos sus libros ( que ellos dos habían leído por supuesto ), por cierto, dime las tres primeras palabras del relato, -son “tiene que ser” pero esto te dirá muy poco, ya que el sentido cambia con un par de palabras más,- pero no se las dije, la dejaría en suspense para cuando lo leyera.

             Él no se daba cuenta pero estaba realmente ilusionado con este relato, lo estaba llenando por completo y creía que ya no lo podía contener, las palabras le salían solas y estaba batiendo el récord de pulsaciones que consiguió para obtener el título de mecanografía, y así sin comerlo ni beberlo se le pasó por la cabeza una idea que era perfectamente el final de su historia, era muy bonito, y sólo faltaban algunos detalles para poder introducirlo en su relato. Así que después de desayunar y de hablar un poco en familia se metió en su cuarto y encendió su ordenador, subió la persiana para que le entrara mucha luz pero que le dejara ver bien la pantalla, puso un CD en el equipo de música y se sentó, se introdujo en el procesador de textos adecuado y se produjo una inmersión completa en la historia que estaba escribiendo, ya estoy aquí…

 

            Cuando llevaba cinco minutos escribiendo a todo ritmo, se abrió la puerta de su cuarto y entró su hermana pequeña, bueno con catorce años pero que casi era tan alta como él, se acercó al ordenador y se puso a leer lo que escribía, inmediatamente él le dijo, -esto no se puede leer,- y la alejó de allí cogiéndola por un brazo, ella no opuso resistencia porque sabía que eso no se podía leer y que quizás luego tendría la oportunidad de leerlo y ver que también ella formaba parte del relato. También colaboró a este fin su sobrino ya que diez minutos después apareció pegando voces y metiéndose en su cuarto; nada más meterse allí, dijo, -ponme los coches de animales,- y ya se sabe frente a estas peticiones nada se puede hacer, así que grabé como pude el fichero con las modificaciones y le puse su juego preferido, una carrera de coches en la que los participantes son animales y eso le vuelve loco, después también jugó al Rey León, a Aladino y a algunos más hasta que se aburrió de pegar porrazos al teclado para disparar.

             Decidí darle un pequeño descanso al ordenador después del flujo de ideas y de golpes que le produjimos, aunque no sería por mucho tiempo porque yo ya tenía el final de la historia en mi cabeza y no podía esperar ni un minuto, por miedo a olvidarlo, tengo buena memoria pero nunca se sabe lo que puede pasar.

             Así, sin más preámbulos y después de una espera interminable me senté de nuevo ante mi monitor no sin antes ejecutar todo el proceso de luces, música y ambiente en general que siempre rodeaba a este evento, y sin más dilaciones escribí el final a la historia, la velocidad de las últimas líneas era totalmente increíble, parecía que no era yo quien escribía, sus conocimientos fluían como los del doctor Fausto cuando alcanzó el conocimiento absoluto, eso sí después de vender su alma y yo no tenía ni la más mínima intención de hacerlo, sobre todo después de haber leído ese libro. Es más, de venderla tendría claro que sería a Dios, pero ya llegaría el momento de eso, tarde o temprano.

             Finalizado ya el relato se dispuso a hacer una primera impresión que le sirviera de borrador para corregir posibles fallos, palabras usadas demasiadas veces, signos de puntuación y todas esas reglas que uno debe seguir si quiere hacer un trabajo digno, en fin, que imprimió el texto en papel continuo de impresora y lo miró, eran siete folios que a él le parecían muchos más por todo el empeño que había puesto en ellos, pero le gustaba tanto, que lo primero que hizo antes de corregir los posibles errores fue salir a buscar a su hermana mayor para enseñárselo, ya que era la que tenía más ilusión por leerlo; además de muy buena lectora y muy buena crítica era psicóloga, con lo que un comentario negativo me hundiría para siempre en la miseria.

             Estuvo leyendo una media hora o quizás cuarenta minutos, pero a mí me parecieron dos o tres horas pues estaba esperando su opinión sincera sobre mi obra, ¡ qué bien sonaba eso !. Después de su lectura más o menos rápida empezó a hablar interesándose por ese ” ella ” que aparecía demasiado en el texto, se había despertado su papel de psicóloga, me dijo que tenía que ser alguien muy importante para hablar de ” ella ” así y tener que protagonizar mi relato, pero todo su comentario se volvió incoherente cuando me dijo que a pesar de eso, no había hablado de ” ella ” ni una sola línea…

             En ese momento me di cuenta de lo que había hecho, había creado una especie de cofre donde “ella” no había podido entrar, me había inventado una historia a la que ella no había podido acceder y de esta manera, todo en mi vida rondaba alrededor suyo menos esta historia. Era increíble, lo había conseguido, no la necesitaba para este relato y eso lo hacía sentir bien, aunque en el fondo deseaba que ” ella ” hubiera sido la protagonista, por lo que fue, por lo que es y por lo que podrá llegar a ser, pero ocurriera lo que ocurriera nunca podría entrar en este cofre que ahora tienes en tus manos…

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